¿Sabes ese momento, en el que estás sola en la casa, suena el teléfono y tienes ese extraño presentimiento de que te darán una mala noticia? Así fue esa noche, Cecilia.
Tu mamá no se detenía, seguía explicándonos con ese tono cortado, se le iba la voz. Nosotras no entendíamos, o no queríamos entender.
''¿Porfiria?'' no sabíamos exactamente lo que significaba, pero sonaba terrible. Entre más nos explicaban, más nos asustábamos. Estamos asustadas. Claro, tú estás más asustada.
Queremos subirnos al primer avión rumbo a Bogotá, pero no es sencillo. Lo que nos queda es escribirte, sabemos cuanto disfrutas leer.
¿Recuerdas el primer libro que nos recomendaste? ''Papaíto Piernas Largas'' qué buen libro. Qué ironía, recordando un libro de epístolas por medio de una epístola.
¿Leíste Aves Migratorias? De Marianne Frediksson, léelo, nunca te cansas de leer sobre amistad.
Oh Cecilia, sabemos que la soledad te invade en esa incómoda cama de hospital, por ello hemos decidido escribirte a menudo, amiga, aunque a veces lo pienses no estás sola.
Llegó la hora de despedirnos, odias las despedidas, lo sabemos. Te escribiremos cuanto antes, espera nuestras cartas. Y amiga, por favor, mejórate.
Te queremos un mundo,
Maf y Masó.